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Diez errores habituales a la hora de comprar una luz LED

11 de octubre de 2017

La iluminación LED se ha desarrollado mucho en los últimos años y actualmente se puede encontrar una enorme variedad de luminarias: bombillas, tubos, focos, lámparas, plafones, tiras flexibles, etc. Además, se puede elegir el color, la intensidad y la tonalidad (fría, neutra o cálida) lo que pone a la libre elección del consumidor una variadísima oferta en la que es fácil equivocarse. La empresa de iluminación y decoración Barcelona LED ha elaborado un decálogo con los errores más comunes a la hora de comprar una luz LED.

1.    El tamaño del espacio a iluminar. Si no se tiene en cuenta es posible que al llegar a casa y probar la luz recién comprada se haga evidente la necesidad de una lámpara más o menos potente, o la de añadir o quitar puntos de luz. La cantidad de luz necesaria para iluminar un espacio se mide en Luxes, (lúmenes por m2) y dependerá en gran medida de la actividad general que se desarrolle en el mismo. Conseguir la cantidad de luxes necesaria dependerá sobre todo de la potencia en vatios que tenga la lámpara. (Ver tabla al final).

2.    La temperatura de color. Se trata de una cualidad física de la luz que se mide en grados kelvin, de ahí el nombre de temperatura y afecta a la tonalidad principal que percibe el ojo humano. Las fuentes cálidas tienen tonos anaranjados o rojizos, las fuentes neutras tienen tonos grises claros o blancos y las fuentes frías tienden al azul. Al pensar en las luces generales del techo de cada sala conviene elegir luces con buena potencia y tono neutro en la cocina o los baños, y luces de tonos más cálidos para el salón, los pasillos o los dormitorios.

3.    Una luz para cada tarea. Se necesita distinta luz para trabajar en un taller o cocinar, que para recorrer un pasillo, leer, o simplemente ver la tele. Antes de elegir las luces del techo de cada estancia hay que pensar en su actividad principal. También conviene colocar luces adicionales que iluminen directamente las zonas de trabajo como la encimera de la cocina, un escritorio o mesa de ordenador o un sillón de lectura. También para estas pequeñas luces individuales la temperatura dependerá de la tarea específica y del ambiente que se quiera conseguir.

4.    La orientación y las sombras. No tener en cuenta las sombras que proyectan las luces también puede ocasionar problemas. Un error típico es situar un foco centrado encima del tocador de maquillaje. Desde arriba proyecta sombras en las ojeras y bajo los pómulos por lo que se tiende a maquillar demasiado esas partes. Para este caso se recomiendan dos luces laterales, en vez de una centrada arriba. Lo mismo ocurre cuando se cocina sobre la encimera de espaldas a la luz del techo sin iluminación directa sobre ésta.

5.    Abusar de los colores. La luz LED ha ampliado enormemente las posibilidades de utilizar colores y se consiguen efectos muy llamativos en locales comerciales y de hostelería, pero lo difícil es encajarlos en un hogar. Pequeños toques azules, verdes o morados en un baño o cocina, o quizás amarillos en un salón, pueden encajar estéticamente con determinados estilos de decoración pero en contadas ocasiones.

6.    Olvidar la luz natural. Para zonas de uso diurno como la cocina o el salón hay que tener en cuenta si las ventanas están orientadas al sur o al oeste (sol de tarde) o sí lo están al este o norte (sol de mañanas). Si dan al norte la luz del sol será indirecta y fría, mientras que si es al oeste será más cálida. Es posible compensar un poco los dos extremos con una temperatura de color que lo tenga en cuenta.

7.    El color de la pintura. Las paredes y suelos oscuros absorben más luz y se necesita más potencia para iluminar esas estancias. Lo mismo ocurrirá en paredes pintadas de color claro pero que estén muy cubiertas por muebles pesados y oscuros, especialmente si están acompañados por suelos o grandes alfombras en tonos apagados.

8.    Prescindir de la iluminación regulable. Desaprovechar las actuales posibilidades del mercado para regular la intensidad de la luz es un error. Subir la intensidad de la luz propicia un entorno de actividad y trabajo mientras que bajarla crea un ambiente relajado. Además, permite ahorrar entre un 20% y un 40% de electricidad y aporta más durabilidad a los dispositivos LED.

9.    Las tiras LED necesitan un alimentador. Se suele pensar muy bien dónde colocar las tiras de iluminación LED, a menudo en zócalos, escaleras o estanterías para conseguir un determinado efecto decorativo, pero se olvida que hay que contar una zona en la que esconder el transformador que requieren estas luminarias. La mayoría son más pequeños que un videocasete, pero no conviene olvidarlo.

10.    Lo barato puede salir caro. Colocar luminarias que no presentan los certificados CE y/o ROHS, o con materiales de muy baja calidad aumenta las probabilidades de que algún fallo afecte a toda la instalación eléctrica o de que se produzca un incendio. Sin llegar al peor de los casos, es muy probable que funcionen menos tiempo del esperado y que haya que perder tiempo y dinero comprando otro.

+ Información: energias-renovables.com