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El diseño a examen. La imagen de marca

24 de marzo de 2018

- Todos los fabricantes de automóviles sin excepción a la hora de diseñar siguen la misma doctrina, crear una imagen de marca.

Término también conocido en el argot automovilístico como, el ADN propio.  Ese conjunto de rasgos característicos, diferenciadores, que sirven para personalizar todos sus productos con el objeto de que se distingan de la competencia.

El principal inconveniente de esta consolidada tendencia suele ser en algunas ocasiones,  el tremendo parecido entre los modelos de una misma marca, trasmitiendo la impresión de utilizar un mismo molde con distintos tamaños a la hora de segmentar las gamas.

Hablar de buen o mal gusto a la hora de referirse al diseño en el automóvil, al igual que en otras facetas de la actividad humana, resulta bastante subjetivo. Siempre se ha concedido un especial protagonismo a la estética porque es lo primero que entra por los ojos del comprador.

Una de las cualidades de mayor peso que evalúan los usuarios a la hora de adquirir un coche es su diseño. Y en numerosas ocasiones una imagen vale más que mil argumentos de otro tipo, más objetivos.

Si se considera que la gran mayoría de vehículos encuadrados en un determinado segmento presumen de características parecidas, hecho avalado por la feroz competencia existente y el continuo marcaje entre los constructores, estos tienen que recurrir a diseños lo más personalizados posibles que sean capaces de recoger la filosofía de la marca o plasmar con énfasis las pretensiones de un determinado modelo.

Algunos piensan que los coches de hoy han perdido bastante identidad con respecto a los de otras épocas porque son casi iguales, bastante similares. Conviene matizar. A lo largo de todas las épocas de su joven historia, el automóvil ha estado siempre sujeto a los imperativos de las modas. ¿Acaso no hay cierto parentesco entre un Rolls-Royce de los años treinta y un Hispano Suiza de la misma década?

Sin embargo, el tema de los parecidos, de cierta uniformidad en el diseño, cobra hoy mayor fuerza debido al pragmatismo que conlleva la producción, en cierta manera encorsetada con la finalidad de adecuar los vehículos a las circunstancias y problemática que rodean al hombre en el complejo entorno actual. Así, por ejemplo, la aerodinámica juega un papel crucial en los diseños en aras a conseguir la máxima eficiencia.

Tampoco hay que olvidar el enorme protagonismo de los ordenadores a la hora de definir las formas de un nuevo coche, pues tienen la manía de llegar a soluciones parejas cuando son programados para trabajar con un buen número de datos o parámetros parecidos.

Pese a estos condicionantes no hay que dejar en el tintero algo que resulta obvio. A lo largo de los últimos 15 o 20 años, el mercado ha sido testigo de la puesta de largo de un buen número de automóviles que rezuman estilo, cargados de una fuerte personalidad. Automóviles pertenecientes a todo tipo de categorías y segmentos, no solo a uno de los más emocionales como pueda ser el de los deportivos.

Pero como no todos los productos que salen de las cadenas de montaje  tienen este componente emocional, ni un traje de corte poco o nada visto, tanto los fabricantes generalistas como los especialistas tienen muy claro que luchar contra la uniformidad pasa por  potenciar lo que se ha dado en llamar imagen de marca.

A través de la misma, las firmas automovilísticas dotan a todos sus vehículos, con independencia del segmento en el que se encuadren, de un familiar parentesco o de rasgos comunes en su diseño con la finalidad de ser fácilmente identificables, que se les relacione de inmediato como miembros de una determinada marca.

+ Información: elconfidencialdigital.com